Sorbas (Almería)

Cueva de Estremera.

Situación Estremera
Distancia de Madrid 90 km.
Tiempo de Madrid al aparcamiento 1 hora.
Distancia de aproximación a pie 0 minutos.
Desarrollo 4.000 m.
Coordenadas topográficas Coordenadas ofrecidas por 'Simas y Cuevas de la Zona Centro':

X: 493.770

Y: 4.442.220

Z: 585 m.

Coordenadas obtenidas mediante GPS: Datum Europeo 1950. Margen de error 6 m.

X: 493.638

Y: 4.442.287

 

 

            En los campos de labor de la finca llamada 'Dehesa de San Pedro' a unos 50 m del escarpe que baja hasta el río Salado por su margen izquierda, protegida por una robusta reja que impide el paso, se abre la boca del pozo de entrada de la Cueva de Estremera.

              Se trata de una cavidad de gran importancia no sólo por el tesoro arqueológico que alberga, sino porque es de las de mayor recorrido (unos 4.000 m de desarrollo) excavadas en yeso en toda la Península.

              En 1971, el Grupo Espeleológico Estándar Eléctrica empezó a trabajar en ella durante un periodo de seis años. Un año después, en 1972, fue declarada Monumento Histórico Artístico por el Decreto 1704/1972 del 15 de Junio. A finales de los años 80 la Comunidad de Madrid, con el fin de proteger los restos arqueológicos coloca una robusta parrilla metálica para impedir el acceso.

              El estudio de los restos fue realizado por la Universidad Autónoma de Madrid bajo la dirección de José Sánchez Meseguer. Al parecer, la cavidad fue ocupada por humanos durante la Edad del Bronce como albergue ocasional y como lugar de enterramiento. Los restos encontrados se datan entre los años 1600-1200 a.C. En el sector occidental, los situados más cerca de la entrada que hoy se conoce, se encontraron restos del Bronce Inicial, mientras que en el sector oriental, hoy colapsado por derrumbes y que debía abrirse hacia el cauce del río Salado, los restos pertenecen al Bronce Medio.

              En base a los restos encontrados, se piensa que la cueva tuvo varios usos: cueva-necrópolis, cueva-santuario y cueva-habitación. Su uso como necrópolis queda acreditado por el gran número de restos humanos de modo intencionado sobre el suelo acompañados en muchos de ello por su ajuar y en ocasiones de alimentos (se han encontrado vasijas intactas llenas de grano y semillas, situadas cuidadosamente en repisas). Los depósitos funerarios se sitúan en el piso de algunas galerías, en forma de grandes huecos excavados de cerca de 1 m de profundidad, cuyo interior albergaba restos humanos. En otros casos, estas excavaciones servían como una especie de basurero, utilizados para recoger, quizás a modo de ofrendas, útiles y otros objetos.

              La utilización de la cueva como vivienda es bastante evidente, tal y como se deduce de la abundancia de restos de materia orgánica carbonizada, la gran cantidad de vasos cerámicos, útiles específicos (como punzones de hueso, cuchillos de sílex, molederas de piedra pulida, etc.) y la gran cantidad de restos de cocina encontrados, principalmente huesos de animales. Por último, las numerosas piletas excavadas en el suelo y encontradas en varias galerías parecen indicar que tenían un uso doméstico si se tiene en cuenta que durante ese periodo debió de darse una fuerte y pertinaz sequía. Estas piletas o bañeras se encuentran unidas entre sí por canales y servirían para recoger agua de infiltración de la lluvia. También se observan huellas de dedos en las paredes y fondo de las mismas que indica el trabajo humano para confeccionarlas.

              Desde el punto de vista geológico, la cavidad se desarrolla en una serie alternante entre yesos y margas verdes con algunos lentejones carbonáticos pertenecientes a la Facies Evaporítica Central de la Cuenca del Tajo, de la época del Mioceno. Con un desarrollo prácticamente horizontal, la cueva está formada por un enrejado de galerías sensiblemente ortogonal de galerías rectilíneas, cuya alineación se ajusta a las direcciones del diaclasado predominantes en la zona. El cruce de galerías se resuelve, en la mayoría de los casos, con el desplome de techos y paredes, lo que da lugar a salas ocupadas por acumulaciones de bloques. Las galerías aparecen ocupadas por depósitos de arena, arcillas y limos, a los que se acumula gran cantidad de murcielaguina, en especial en su sector oriental.

 (Bibliografía: Isidoro Ortiz, 'Cuevas y Simas de la Zona Centro', Madrid, 1997).  

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